TELETRABAJO Y CONCILIACIÓN ERA ESTO

Antes de que todo esto empezara, de vez en cuando leíamos noticias sobre que el teletrabajo sería una realidad en un futuro no muy lejano, que no sería necesario desplazarse a la oficina para trabajar y que, además, los niños podrían recibir clases sin tener que acudir al colegio. En nuestra cabeza, esas noticias presentaban un futuro ideal, con más tiempo para pasar en familia, menos estrés y más felicidad…

Entonces llegó un virus y nos demostró que ese futuro del que hablaban las noticias estaba aun lejos, muy lejos; porque la realidad del teletrabajo en la actualidad es muy diferente de aquella que se nos presentaba.

¿Difícil? Creo que ese es un adjetivo que se queda muy corto para describir como es compaginar trabajar en casa con cuidar de los niños, y todo ello sin poder salir de casa (o, mejor dicho, saliendo solo para lo extrictamente necesario y dentro de los horarios permitidos).

A mí, que me tocó aprender a conciliar algo antes de la aparición del COVID-19, esto tampoco me está resultado fácil; sin embargo, no puedo pienso mucho en esos padres que se encuentran ahora trabajando ambos en su casa, mientras cuidan de niños que tienen que seguir las clases online, todos compartiendo uno o dos PCs, y todo ello en pisos de 70 metros cuadrados que intentan mantener tan limpios y ordenados como pueden.

¿Se puede teletrabajar y conciliar? Desde luego, no en estas condiciones.

Teletrabajo y conciliación, así no

Me gustaría empezar hablando de los que considero que son algunos errores básicos de la cultura del trabajo en España, y que son, en buena parte los causantes de que todo esté siendo tan difícil para las familias.

La transformación digital también era esto

Mucha página web con vídeos chulos, mucha App, muchas tablets y móviles de última generación para los directivos, mucho curso sobre presencia online y mucha presencia en todas las redes sociales… Llega el COVID-19 y resulta que pilla a casi todas las empresas con posibilidades 0 de desarrollar el trabajo desde casa.

Vamos, tanto ha sido así que los últimos días antes del confinamiento, los trabajadores tuvieron que hacer un gran esfuerzo para preparar materiales, documentos y trabajo para lo que suponían que serían 15 días sin ir a la oficina. El tiempo ha sido mayor del previsto y muchos llevan dos meses sin poder ir a su oficina; para otros ha sido obligatorio desplazarse, para seguir preparando materiales y recursos para sus compañeros teletrabajadores.

Cultura del trabajador que “calienta la silla”

O lo que es lo mismo, la mentalidad de que el mejor trabajador es el que pasa ocho horas en su puesto de trabajo, porque se siguen asociando las horas de trabajo con la productividad.

Pues no. En la actualidad, las empresas van al ritmo que van, cada una dentro de sus posibilidades, pero esto ha demostrado que no hace falta que el empleado vaya hasta su puesto de trabajo para trabajar igual que antes.

Y en la misma línea, también podría incluirse la obsesión por el horario. Cumplir el horario se consideraba más importante que el trabajo realizado. Recuerdo aun al principio de todo esto como muchos conocidos se quejaban de que sus jefes se dedicaran a controlar que cumplían con sus horarios de trabajo de forma estricta. ¿De verdad sigue siendo tan importante que el empleado cumpla con sus ocho horas diarias de lunes a viernes?

La realidad de los hogares españoles

Todos hemos visto en alguna ocasión esos programas americanos en los que una familia tiene un chalecito con cuatro habitaciones, tres baños, un sotano, una oficina, y un jardín de 200 metros cuadrados y todavía se quejan porque no tienen sitio para poder un segundo despacho. El teletrabajo así es mucho más fácil.

Pero esto es España, aquí la mayoría de familias vive en pisitos de 80 m2, donde, en el mejor de los casos, los hermanos no comparten habitación. El espacio de trabajo durante el confinamiento es el escritorio donde los niños hacen los deberes todos los días. Solo que ahora lo comparten todos los habitantes de la casa, quizás hasta solapando horarios.

Y ya rizando el rizo, a ver cuántas familias se pueden permitir disponer de tantos PC como miembros hay. Asegurándose al mismo tiempo de que todos y cada uno este cumpliendo con sus tareas, y no “procrastinando”.

Conciliar teletrabajando, así, sí

Está claro que esta situación ha sido una llamada de atención para todos, sobre todo, para que las empresas se pongan las pilas, porque esta ha sido una situación excepcionar, pero yo creo que no se debe descartar que se vuelvan a producir otras similares en el futuro. Así que mejor estar preparados.

Flexibilización de horarios

Que sí, que hay tareas que es mejor y más lógico realizarlas en horario de oficina, que yo también procuro mantener un horario así, pero no todas las tareas de un trabajo es necesario cumplirlas en ese horario.

Es importante empezar a aprender a identificar la importancia, la naturaleza y la urgencia de cada una de las tareas de trabajo, dejando aquellas que no se pueden aplazar para un horario más extricto, favoreciendo que los trabajadores con familia puedan completar el resto de forma compatible con el cuidado de la familia.

Además, si hay algo que todos los teletrabajadores noveles han descubierto en este periodo es que el teletrabajo no reduce el tiempo de trabajo… ¡Si no que se trabaja más!

Aprender a trabajar por proyectos

Sinceramente, creo que lo de las ocho horas de trabajo es un concepto completamente desactualizado y que ya no tiene cabida en la realidad laboral actual. Hay que empezar a pensar en el trabajo como la realización de un proyecto con éxito, sin importar el número de horas que se le han dedicado.

Aquí lo tengo muy claro porque yo trabajo por proyectos desde que comencé a trabajar desde casa y; sin embargo, nunca como desde el momento que volvía trabajar después de ser madre, he aprovechado mejor cada minuto de tiempo que puedo dedicar al trabajo.

Empatía con los trabajadores que concilian

Y este es el punto más importante para teletrabajo y conciliación efectivos. Hay que empezar a pensar que muchos de los que ahora trabajan desde casa están, al mismo tiempo, cuidando de sus familias.

Quizás al principio, al jefe o al cliente de turno se le pudiera calmar un poco con un “Espérate cinco minutos que el niño está llorando…”, pero a medida que la situación se alargaba, esas excusas iban perdiendo validez y cada vez eran más las respuestas de tipo: ¿Y no lo puede atender tu pareja hasta que terminemos la conversación? Poder, sí o no, tipos de familia hay muchos, pero aquí lo que importa es facilitar la conciliación y hacerla más fácil.

Una lanza en favor de los docentes

Me voy a meter en un tema que no me compete, pero, casi a diario leo quejas de padres que no están satisfechos con cómo se están llevando a cabo las clases online, padres que después se quejan de clientes impacientes o de que, con mucho, han dedicado dos horas a trabajar porque los niños no les han dejado hacer más.

Pues bien, no olvidemos que a los maestros y profesores también les decían que sí mucha TIC en la educación, que si muchos recursos online, pero ahora se encuentran en un entorno nuevo y sin tener muy claro como llevar una clase online. Además, que ellos no son solo docentes, sino que muchos también tienen una familia, y que se encuentran con los mismos problemas de conciliación que cualquier familia.

Que si nosotros nos quejamos de clientes impacientes y jefes controladores, ellos tienen a padres por un lado, solicitando atención personalizada, y a la inspección por otro, solicitándoles rellenar expedientes en los que no se tiene muy en cuenta la calidad de la formación, solo “rellenar expediente“.

La nueva normalidad

Esto de “la nueva normalidad” me suena un poco a entorno postapocalíptico y, la verdad es que no me gusta demasiado, pero es la expresión que se está imponiendo, así que la emplearé para hablar de lo que toca a partir de ahora.

Los próximos meses se presentan difíciles para las empresas, habrá que ver cuánto tardan en volver a ponerse en marcha y cuáles son las consecuencias, en mi opinión los efectos económicos del Covid-19 hubieran sido menores si la forma de entender el trabajo hubiera cambiado antes de todo esto. No es posible volver hacia atrás, pero sí aprender de los errores.

Ahora se hace necesario favorecer un teletrabajo en el que el trabajador pueda realizar su empleo de forma ágil y eficaz compatibilizándolo con el cuidado de su familia, en el que se reduzcan el estrés y las preocupaciones por no llegar a todo y en el que deje de ser obligatorio calentar la silla solo por cumplir un horario.

El teletrabajo ya no es el futuro, ahora es el presente, así que hay que empezar a buscar la fórmula para compatibilizarlo con la conciliación.