El día que me convertí en víctima de una estafa de trabajo en casa


Este es el momento del año para contar historias de miedo, leyendas terroríficas y relatos sacados de las más horrendas pesadillas. Yo también puedo contar una historia de miedo basada en hechos reales.

¿Estás preparado para leer uno de estos relatos de terror que habla de una víctima de una estafa de trabajo en casa?

Había una vez una joven que trabajaba desde casa y llevaba poco más de un año. Aunque con experiencia en su profesión, no conocía mucho sobre el teletrabajo y esa falta de conocimiento hacía que buscará trabajo por medios poco fiables, como las plataformas de trabajo para freelancers.

¡Qué difícil era encontrar buenas ofertas de trabajo allí! ¡Cuánta precariedad! ¡Cuánto aprovechado! Las pocas ofertas de trabajo que encontraba no parecían muy buenas, aunque cuando se interesaba por ellas resultaba que eran aun peores…

Un día recibió un mensaje con una propuesta de proyecto. Cautelosa e interesada a partes iguales, quiso saber más y, en principio, todo parecía normal, una asociación que necesitaba una traducción. Puso sus condiciones y su tarifa y, el cliente no las rechazó. Así que la joven aceptó hacerse cargo del proyecto. 

A los pocos días, recibió en su correo electrónico todo lo necesario para realizar el trabajo. Al material lo acompañaba un email de aspecto bastante profesional, con su correspondiente firma con los datos de la persona de contacto. El proyecto era de tipo académico y, como ya le habían indicado, se trataba de la traducción de una presentación dirigida a centros educativos. Todo correcto.

Al tiempo que comenzaba el trabajo, solicitó a la persona de contacto los datos de la asociación para incluirlos en su fichero y, por supuesto, para facturación. Tuvo que esperar varios días para recibir respuesta, algo que no es tan raro, lo que sí fue un poco extraño es que, al responder, el lugar de los datos, le dieran una excusa para no enviarlos aún. Pero bueno, por lo demás habían sido correctos, así que podía esperar hasta terminar el trabajo, que era cuando emitiría la correspondiente factura.

Durante el tiempo que duró el proyecto, las comunicaciones fueron normales y cualquier duda era respondida. Concluido el proyecto,  lo envió al cliente que, rápidamente, solicitó la dirección y los datos para enviar un cheque.

Pero la joven, en lugar de enviar su dirección, volvió a solicitar los datos para  emitir la correspondiente factura…. ¡Y aquí fue donde todo empezó a ser muy raro!

En primer lugar, el cliente indicó que su forma de proceder era distinta: ellos enviaban un cheque con dinero más que suficiente, al recibirlo en trabajador lo ingresaba en su cuenta y, descontando sus honorarios, hacia una transferencia del dinero sobrante a una tercera cuenta.

¡Y ahí fue cuando saltaron todas las alarmas! La joven no respondió y rápidamente buscó información sobre la asociación, que no existía y sobre la dirección en la que se suponía que estaba, que era falsa. Una búsqueda de la dirección de correo electrónico terminó de confirmar sus sospechas: había estado a punto de convertirse en víctima de una estafa de trabajo

Denunció la cuenta, sabiendo que este tipo de hechos son muy difíciles de rastrear, sobre todo, en el momento en el que los hechos sucedieron, e intentó no volver a pensar en ello nunca más. Sin embargo, aún hoy se pregunta:

  • ¿Qué habría ocurrido si hubiera enviado su dirección?
  • ¿Qué habría pasado si en lugar de no escribir más hubiera recriminado su conducta?
  • ¿Quiénes eran en realidad las personas a las que escribía?

Por suerte, solo podía imaginar las respuestas. Lo único que tenía claro es que lo único que había perdido era el tiempo dedicado a desarrollar el proyecto.

Con el tiempo su situación laboral fue mejorando, y su experiencia como freelance ampliándose y… Vale, vale, me has pillado, esa joven era yo, todos los hechos son reales, este es uno de los motivos por los que me fío tan poco de las plataformas de trabajo para freelancers.

De hecho, esa experiencia hizo me empezara a interesarme por las estafas de trabajo desde casa y que aprendiera que, hay una delgada línea que separa ser víctima de ser cómplice cuando de teletrabajo se trata.

¿Qué lecciones aprendí ese día?

Que hay que…

  1. Informarse bien de quién es el cliente antes de comenzar cualquier proyecto con un cliente nuevo.
  2. Saber si el cliente tiene denuncias o similares por estafas, impagos, malas prácticas con freelancers… Hay muchos foros y plataformas en las que los freelancer comparten sus experiencias.
  3. Evitar empezar a trabajar, o no desarrollar gran cantidad de trabajo, hasta no tener los datos de facturación enviados por la persona de contacto.
  4. Dejar claros todos los aspectos del trabajo antes de comenzar (tarifas, forma y tiempo de entrega, cambios…)
  5. Tener preparado un documento de condiciones en el que se reflejan los datos de ambas partes, las condiciones del proyecto y las formas de pago.
  6. Solicitar el pago por adelantado de una parte o el pago cuando haya realizado el 40% del proyecto o similares, siempre que se considere necesario.

La mía es una historia de estafa de trabajo desde casa que, por suerte, no tuvo un triste desenlace, pero estoy segura de que hay muchas más historias similares. Creo que cuanta más información haya sobre este tipo de delitos, menos víctimas de estabas de trabajo desde casa habrá.

¿Te ha sucedido algo parecido a lo que me ocurrió a mí? ¿Han intentado estafarte dinero mientras trabajabas como freelancer? ¿Han intentado robar tus datos o información personal o profesional que gestionas? Me encantaría conocer tu historia.