Ser freelance en casa y que te paguen: ¿Misión imposible?


Último día del mes. La cuenta bancaria en números rojos y la nevera temblando, y no de frío precisamente. Desde hace unos días la pasta se ha convertido en protagonista de todos los platos y no salir del hogar no es solo consecuencia de trabajar en casa y tener mucho trabajo, sino por no ver el buzón hasta arriba de facturas…

¡No hay miedo! Este ha sido un buen mes, uno de esos en los que los proyectos no han faltado. Los importes de las facturas lo confirma y lo denota esa sonrisilla que es difícil evitar al pensar en el momento de recibir los pagos. El dinero está al caer.

Pero: uno, dos, tres… y cuando el freelance se quiere dar cuenta, es día quince y aún con facturas pendientes de pago.

Siendo autónomo, este panorama no es una pesadilla, en la realidad que una se despierta muchos meses.  Ser freelance en casa y que te paguen va a ser igual de difícil, pero: ¿es posible conseguirlo?

Ser freelance en casa y que te paguen: ¡Se puede lograr!

Me estoy imaginando vuestros pensamientos en este momento:

¡Bueno! Ahora viene la lista esta a decirnos que tiene una fórmula mágica e infalible para conseguir que le paguen rapidito, y  sin andar reclamando.

¡Ojalá fuera cierto! Pero no. Ser freelance en casa y que te paguen pronto es un pequeño lujo con el que ni siquiera me atrevo a soñar.

Pero sí que tengo algunas costumbres que ayudan a reducir los problemas que supone la tardanza de pago y, aunque me hayáis juzgado un poco duramente antes, no lo voy a tener en cuenta y las voy a compartir en este post, porque seguro que no hace falta que os recuerde que, sí, estamos otra vez a fin de mes.

Todo el regla

Que sí:

  • Que son importes pequeños”
  • “Que casi no me sale a cuenta”
  • “Que es un jaleo”
  • “Que tardo más en esto que en el trabajo”
  • “Que lo tendrían que revisar para que fuera más justo”.

Me conozco todas las excusas para justificar los pagos en B, pero yo soy de las que piensan que la mejor forma de exigir justicia para uno es ser justo con los demás. Así que, por estar en regla y facturar todos los trabajos se comienza.

¿Y eso para qué sirve a la hora de que paguen?

  1. Para crear una imagen de profesional que vive de eso y no de un aficionado que lo hace como un hobby. No es que sean incompables, es que trabajo se asocia directamente con pago y hobby con diversión.
  2. Para asegurarse de colaborar con empresas serias y que trabajan de forma honesta con las administraciones. Si no quieren pagar lo justo a las administraciones, con todo lo que ello puede acarrear, mucho menos a un freelance al que ni siquiera conocen.
  3. Porque, dependiendo de los importes y de las condiciones, siempre hay alternativas para reclamar el dinero o, al menos, para amenazar al cliente con “acciones legales”.

Sobre por qué es recomendable estar dado de alta cuando se trabaja por Internet, ya escribí en: https://sobreviviratrabajarencasa.com/2017/02/03/no-es-necesario-facturar-es-trabajo-por-internet/

Registros de todos los trabajos y emails intercambiados

En un post reciénte sobre la gestión de emails, ya comenté que para cada cliente, una carpeta. Uno de los motivos para ello es, precisamente, el momento de los pagos. Teniendo a mano los emails es fácil localizar los trabajos y justificar los porqués de los conceptos en las facturas, incluso reenviándolos para recordar que hay que pagar.

Yo, además, para algunos clientes tengo un registro en Excel en el que pongo fecha y nombre a cada uno de los proyectos, así como el importe. En el momento de enviar la factura, adjunto también este registro para que no se hagan los remolones a cuenta del: “¿Y este importe de dónde sale?”

Y de paso, también para demostrar que he sido bastante paciente, porque ya han pasado dos o tres meses desde que realicé algunos de sus proyectos.

Bien claritas las fechas de pago

Cuando un cliente nuevo contacta conmigo se interesa de precios, condiciones, trabajos anteriores… Pero cuando ya tengo encauzado el trabajo y es el momento de hablar de pagos, no me olvido nunca de incluir la condición de que los pagos, entre el 1 y el 10 del mes de envío de la factura.

Tampoco es que sea tajante. Hay empresas que realizan pagos en una fecha concreta, o que me encargan proyectos con importes tan bajos que no les sale a cuenta hacer la transferencia bancaria todos los meses. Todo se puede negociar.

Pero la fecha de pago es un aspecto que siempre queda fijado antes de empezar a trabajar con el nuevo cliente.

Por escrito, mejor

Un contrato “tipo” es muy fácil y rápido de redactar. Basta con completar con los propios datos personales, dejar espacio para los del cliente, unas cuantas tablas para los proyectos o servicios, y algunas condiciones estándar (como la referente a los pagos de la que acabamos de hablar). Y, por supuesto, fecha y firma.

Pero, además de dar un contexto profesional al acuerdo de colaboración del freelance y la empresa, es una garantía más para asegurar que el cliente tenga claro por qué va a paga, cuanto será lo que tenga que pagar y cuándo lo tendrá que pagar.

¡Y sin vergüenza!

Con todo lo anterior me aseguro que todo esté claro y que no haya malentendidos que justifiquen un retraso en el pago, que no que el dinero llegue cuando lo espero.  Pero, en caso de que en el día de vencimiento no haya rastro de dinero, no espero y envío un email recordatorio.

De nuevo aquí, soy flexible.

Con empresas de siempre y que sé que son puntuales, el mensaje va en un tono mucho simpático porque imagino que es un despiste.

Con empresas remolonas con las que trabajo con frecuencia, el tono también es simpático, pero es más bien en plan: “Ya va siendo hora de pagar, ¿no?“.

Y si la empresa es nueva, adjunto contrato y factura y, simplemente, recuerdo las condiciones firmadas.

Ser freelance, que te paguen… ¡aunque tarden!

Teniendo en cuenta qué empecé a trabajar desde casa porque la última empresa para la que trabajé no me pagaba), ser freelance y que me paguen eran una de mis grandes preocupaciones al principio; sin embargo, he tenido muy pocos problemas en este sentido, desde que empecé a trabajar desde casa, y muchos menos a medida que he comenzado a ser más exigente con el tipo de empresas y con los proyectos.  Ahora lo más frecuente es que paguen, más pronto o más tarde, pero pagan.

En cualquier caso, creo que ser justo con uno mismo, con las empresas y con las administraciones es la mejor forma de evitar problemas. Y en caso de clientes “tardones”, nada de perder la paciencia o de esperar a ver que pasa: en cuanto hay un atraso, ¡email recordatorio al canto!

Tal y como lo cuento, parece un problema menor cuando has conseguido ser freelance y que te paguen, aunque tarden un poco.

Pero esperar pagos, escribir y controlar cuentas con la esperanza de ver el dinero puede ser auténtica pérdida de tiempo capaz de desconcentrar, de desmotivar y hasta de plantearse abandonarlo todo y echar por la borda un proyecto profesional en el que se ha puesto tanta ilusión… Pero, esas cosas del trabajo del freelance desde casa las dejo para otra ocasión.