10+1 errores de trabajar en casa que he cometido

errores de trabajar en casa

Cualquiera que lea cómo trabajo en casa, y que vea cómo es mi rutina de trabajo o lo bien que se me da separar trabajo y hogar, podría pensar que he nacido para esto y que tengo un don para lograr que mi trabajo en casa sea un éxito…

¡Pero, no! A trabajar como lo trabajo ahora y a organizarme para lograr objetivos he aprendido por las malas, tropezando con todos los errores de trabajar en casa del novato.

He de reconocer que, aunque sean errores de trabajar en casa que me gustaría no haber cometido, también me han dado muchas valiosas lecciones que me han enseñado a mejorar mi trabajo en casa y, por supuesto, que sientan las bases para escribir en este blog, después de todo, lo que pretendo con él es ayudar a quien comienza a trabajar en casa y que, posiblemente, esté a punto de caer en alguno de los errores que yo cometí.

Descubre los 10+1 errores del trabajo en casa que he cometido (y evita caer en ellos)

Pues sí, a lo largo de estos años, he cometido muchos errores que me gustaría no haber cometido. ¿Por qué? Porque reconozco que me han hecho perder mucho tiempo y retrasar el momento de conseguir mis objetivos, claro que de eso me doy cuenta ahora; aunque también es cierto que me pregunto si hubiera escuchado las advertencias. Quiero pensar que sí…

1. Creer que los precios solo incluyen las horas de trabajo

Pasar muchas horas delante del ordenador es un clásico cuando se trabaja en casa. En un buen día se puede hacer mucho dinero si se tienen buenos clientes y si uno tiene el día inspirado, pero hay días en los que, a pesar de lo parar, al finalizar la jornada, apenas sumaba unos euros.

Podría simplemente decir que las ofertas de trabajo que me llegaban tenían tristes recompensas económicas, y las que aceptaba en muchos casos tampoco es que fueran mucho mejores, pero la realidad es que parte de la culpa era mía, ya que solo pensaba en las horas que dedicaba al proyecto.

Ser freelance es mucho más que trabajar y, desde luego, no todo el tiempo se dedica a proyectos. Por ello, en una ocasión realicé un ejercicio para saber cuánto valía mi tiempo de trabajo, el resultado fue revelador y supuso toda una revolución en mis tarifas.

Ahora realizo el mismo ejercicio periódicamente, pero actualizando los valores para que el resultado sea un buen reflejo de la realidad, y un buen indicador de cómo están de lejos mis objetivos.

2. Retrasar el momento de dejar de trabajar con un cliente

Cuando un profesional comienza, parece que todos los proyectos le vienen bien y, por supuesto, si alguien confían en él lo suficiente como para darle trabajo de forma periódica o esporádica, mejor que mejor… O no.

Llega un momento en el que, por los motivos que sean, se hace necesario dejar de trabajar con ese cliente, puede que los motivos económicos parezcan la única razón, pero hay muchas otras razones para dejar de trabajar con un cliente, como las que enumeré en este post. El problema es que evitar ese momento suele traer cansancio, desmotivación y frustración que, incluso, pueden afectar a la calidad del trabajo y deteriorar da relación con el cliente.

Ahora, cada diciembre reviso la situación con cada cliente y, cada 31 de diciembre dejo de trabajar en aquellos proyectos con los que considero que ha llegado el momento de decir adiós.

3. No decir “no”

Horarios de trabajo imposibles, jornadas maratonianas; lunes, martes, miercoles, jueves, viernes, sábado, domingo y vuelta a empezar: a las 11 a.m. o a las 11 p.m. Al comenzar no existe proyecto que rechazar, sin importar las consecuencias.

Sin embargo, si importan, porque repercutían en la calidad de mi trabajo y en mi desarrollo profesional, haciendo que me adentrara en un bucle del que es complicado salir y, por si fuera poco, adquiriendo vicios del trabajo que me restaban profesionalidad.

Y todo por no darme cuenta de que también se puede decir no a un proyecto, o que se pueden negociar las condiciones.

Ahora busco la calidad en cada uno de los trabajos que entrego, así que no tengo miedo a rechazar proyectos o a proponer condiciones más ventajosas para mí y para mi negocio.

4. Llevarme el ordenador de vacaciones

Por no perder clientes y trabajo, no avisé de las vacaciones y, en los días anteriores realicé partes del trabajo que iba a enviar diariamente desde el lugar de vacaciones, el resto lo haría allí, en ratos libres. ¡Un plan perfecto!

La realidad fue que las vacaciones fueron una combinación nada relajante: madrugar para trabajar, dos o tres horas de trabajo por la mañana antes de ir a la playa, los ratos de la siesta para seguir trabajando… O sea, que de vacaciones, poco. Fue como trabajar en casa, pero desde un hotel.

Ahora lo tengo claro: vacaciones significa vacaciones. ¡Y el PC no viene!

5. Aceptar proyectos urgentes que requieren muchísimas horas al día

Los imprevistos son parte de cualquier trabajo y, por el motivo que sea, en ocasiones hay que colocar en primera posición de la lista de “Cosas para hacer” un proyecto que llega a última hora, y en mi trabajo eso es lo más normal. Pero todo tiene sus límites.

En muchas ocasiones he aceptado proyectos urgentes que requerían de hasta doce y catorce horas de trabajo al día, y durante varios días seguidos… ¿La realidad? Que después de un día de jornada intensiva, al día siguiente estaba para el arrastre y mi cabeza no rendía, pero tenía que seguir, con ese, y con el resto de proyectos con los que me había comprometido.

Ahora lo tengo claro: Proyectos urgentes, sí, pero con lógica, y con una tarifa que tenga en cuenta el esfuerzo extra. 

6. Aceptar proyectos por debajo de la tarifa que considero justa

Cada vez que hablo con un trabajador desde casa novato, le doy el mismo consejo: “Nunca trabajes por debajo de una tarifa que consideres justa”. A veces no dicen nada, otras muestran su desconfianza imaginando que lo digo por evitar que se convierten en mi competencia directa, pero más barata, o por proteger mi negocio y evitar que los ingresos caigan en picado.

La realidad es otra: yo también caí en la trampa de aceptar precios de risa. Tarifas por las que ahora ni perdería tiempo en responder al correo en el que aparecieran. Por pensar que al ser novata tenía que darme a conocer a cualquier precio, o que si no aceptaba nunca empezaría a trabajar, he aceptado tarifas que ahora me dan vergüenza. ¿El resultado? Mucho cansancio, poco respeto por parte de esos clientes, escaso reconocimiento y sensación de frustración.

Ahora lo tengo claro: En mi tarifa tengo en cuenta el valor de mi trabajo, el valor de mi tiempo y el valor mi experiencia.

7. No actualizar mis tarifas

tarifas freelance

Más de tres años pasaron hasta que me decidí a plantear un aumento de tarifas a mis clientes. Tres años en los que mucho había cambiado mi forma de trabajar y en los que, como es lógico, los clientes habían ido aumentando, como también lo habían los proyectos que llevaba. Y a pesar de todo, mis ganancias no habían aumentado tanto como debieran, el motivo era que también tenía más gastos.

La primera actualización de tarifas fue todo un éxito, tanto es así que me quedó claro que había tardado demasiado en dar el paso.

Ahora reviso mis tarifas al finalizar cada año, y valoro bien si ha llegado el momento de una actualización.

8. Trabajar de lunes a domingo

Buscando un poco y moviéndose con agilidad por la red es posible tener trabajo en casa suficiente para todos los días de la semana, ¡y para todas las horas! No estará muy bien remunerado, pero a base de echar horas, se saca uno un dinerillo.

El amigo inseparable de trabajar por poco es trabajar mucho. Yo he trabajado en horarios intempestivos, en días de vacaciones o festivos, y hasta en días en los que, probablemente, solo estábamos currando Papá Noel y yo.

El problema de trabajar así es que se convierte en una situación de vivir para trabajar. Pero, además, que así es difícil realizar trabajos de calidad, y sin eso es imposible destacar para obtener nuevos proyectos más interesantes.  

En un momento dije: ¡Basta! Perdí el miedo a quedarme sin trabajo en casa porque eso no era vida, y comencé a establecer horarios y a elegir mejor clientes y proyectos. ¡Fue la mejor decisión!

Ahora lo tengo claro: hay tiempo para trabajar y tiempo para descansar. Y si un día tengo que restar tiempo a mi descanso por trabajar, busco otro para recuperarlo.

9. Pasar varias horas sentada sin levantarme ni una vez

Que levante la mano quien no haya caído en esta trampa en alguna ocasión. Da igual que sea pasar toda una tarde estudiando sin levantarse, o delante del PC por un proyecto escolar o con las redes sociales…

Si una tarde o una noche tiene consecuencias, cuando son cinco en una semana: dolor de espalda, hombros cargados, piernas hinchadas o dolor de cabeza son algunos de los regalitos con los que uno se encuentra.

Ahora he adquirido el hábito de levantarme cada cierto tiempo, aunque sea para estirar las piernas e ir a beber un vaso de agua. No hay ningún trabajo que valga más que la salud. Además, reduciendo dolores ni molestias se trabaja mucho mejor.

10. No tener un sistema de búsqueda de empleo

Tuve la suerte de comenzar a trabajar en casa ya con un cliente estable y otro que me enviaba trabajo esporádica mente. No tenía pensado que esto de tener la oficina en casa se fuera a alargar demasiado, pero llegó un momento en el que tuve que aceptar la realidad: mis opciones eran trabajar desde casa por mi cuenta o no trabajar.

Así que tenía que buscar proyectos de trabajo y clientes. ¿Cómo lo hice? De la peor forma posible: utilizando todas las opciones disponibles, pero sin analizar la efectividad de ninguna de ellas. Tarde bastante en darme cuenta de que muchas me hacían perder mucho tiempo o me proporcionaban escasos resultados. A partir de ahí, empecé a buscar mi propia fórmula para encontrar clientes que funcionara.

Ahora mismo tengo una buena cartera de clientes y la búsqueda de trabajo no es una necesidad primaria, pero en cualquier caso, también tengo un sistema de búsqueda que funciona.

BONUS: Trabajar sin objetivos

baja por maternidad al trabajar en casa

Aunque quizás muchos de estos errores sean consecuencia de este: Trabajar día a día, sin plantearme más objetivo que tener trabajo para el día siguiente.

Trabajar por objetivos significa empezar a pensar a medio plazo y a largo plazo, construir y cuidar una imagen profesional y aprender a proteger el currículo, creando al profesional al que se aspira ser.

Ahora siempre me marco objetivo, aprovecho los meses de baja demanda para revisar los que ya tengo marcados y para proponerme nuevos objetivos para seguir creciendo.

De todos estos errores de trabajar en casa que me gustaría no haber cometido he aprendido lo suficiente como para no volver a caer en ellos… Bueno, de unos he salido más escarmentada que de otros.