Dudas existenciales del freelance en Navidad

FREELANCE EN NAVIDAD

De nuevo estamos en Navidad. Comprar regalos y organizar comidas son desafíos de los que es difícil librarse, y vale, yo no tengo cenas de empresa, ni amigo invisible con compañeros de oficina; pero a cambio, como autónoma, tengo que pensar en cerrar un año y abrir otro, mientras me debato entre enviar postales navideñas o no.

Pero el asunto de enviar felicitaciones no es el único dilema del freelance en Navidad que afronto tan pronto como turrones y polvorones aparecen en las estanterías del supermercado (es decir, cada año antes). 

Freelance en Navidad: preguntas que no faltan en estas fechas

Hay algunas cuestiones que, año tras año, por Navidad, me planteo y sobre las que tengo que reflexionar bastante, porque la respuesta no siempre es tan obvia como parece…

¿Empiezo a comprar o espero a ver si algún cliente me envía la cesta de Navidad?

Ya he dedicado varios post a hablar sobre regalos de empresa al freelancer. Porque, que no tengamos cesta navideña, no quiere decir que no haya algún cliente que se embriague del espíritu de estas fechas y envíe algún detallito.

cesta de Navidad de Sobrevivir a Trabajar en Casa
cesta de Navidad freelance 

Claro que nunca se sabe cuál será el cliente y qué enviará, y ahí está el dilema: desde productos de Navidad, pasando por delicatessen y hasta artículos o productos propios de empresa (ideales para regalar) podrían entrar por la puerta. Pero también está la posibilidad de que no llegue nada, y haya que estar comprando a última hora. ¡Y ahí está el dilema!

¿Me van a pagar antes de irse de vacaciones?

Pasar una feliz Navidad con su celebración del consumismo, o no, depende de si los clientes dejan sus tareas hechas, por ejemplo, abonar todas las facturas (entre ellas las emitidas por el freelancer).

Lo malo, que no serás las fiestas más festivas y, además, que habrá que acordarse de revisar las cuentas, aunque lo más seguro es que el dinero no aparezca hasta después de Reyes… ¡y eso en el mejor de los casos! Lo bueno, que la cuesta de enero será una leve inclinación. 

El verdadero problema es afrontar los gastos propios de estas fecchas sin caer en números rojos: ¡Todo un ejercicio de equilibrio económico!

¿Cerrar o no cerrar la oficina?

Lo de las vacaciones de Navidad es un poco tópico. En realidad, son muy pocos los afortundados que las tienen. Como freelance, en teoría puedo organizar mi tiempo de trabajo y, si me da la gana, regalarme unos días libres y, siendo justa, muchos de mis clientes cierran en Navidad. Así que: ¿Por qué no hacerlo yo también?

Básicamente, porque si decido trabajar en servicios mínimos y hago otros planes, el 23 llegará esa propuesta de proyectazo que había estado esperando todo el año; y, si decido trabajar y empiezo a aceptar proyectos, el total de facturación ni siquiera cubrirá el gasto de las luces del árbol. ¡Dilema al canto!

Vuelta al trabajo: ¿Después de Año Nuevo o después de Reyes?

Yo trabajo con clientes nacionales e internacionales, y no todos tienen una Navidad que se extiende hasta el 6 de enero (que, por cierto, es mi fiesta preferida dentro de las navidades).

Cerrar el despacho y tomarme unos días libres pone fin al anterior dilema, pero trae este otro que, más o menos, supone los mismos problemas.

¿Puerta abierta o puerta cerrada?

Lo de trabajar en casa y la conciliación está muy bien, en teoría, pero ponerlo en práctica y que funcione es algo más complicado. Lleva su tiempo hacer entender al resto de la casa que lo de interrumpir cada dos por tres no ayuda, aunque lo hagan “para que no te aburras”.

tener el despacho en casa

Sin embargo, Navidad suele traer a casa visitas, huéspedes e invitados varios. Así que:

¿Es mejor dejar la puerta abierta aceptando el ruido y reconociedo, tácitamente, que trabajar desde casa en estas fechas es un poco postureo?

o

¿Cierro la puerta para concentrarme y aprovechar el tiempo asimilando que dejar la puerta cerrada es invitar a otros a abrirla para: “¿No vienes? “¿Terminas? “Qué haces”?

En ambos casos, la capacidad de trabajar se reduce considerablemente, así que: ¡Otro tema sobre el que pensar!

¿Podré acabar este apartado antes de que se me queme el asado?

He dejado para el final mi dilema favorito…

Cada año dejo un asado en el horno o una cazuela sobre la vitro. Hay una hora o quizás dos hasta que la comida está lista, así que me digo: Momento perfecto para aprovechar y adelantar trabajo“.

Mi idea es concentrarme en el trabajo y comprobar regularmente que todo marcha en la cocina. Pero después de diez minutos aun no me he concentrado y voy a dar una vuelta para comprobar que la cosa no ha arrancado aun. Vuelvo al trabajo y, a los cinco minutos, otro paseo a la cocina. Intento ponerme a trabajar, pero el deber culinario me reclama, aunque en realidad, tiene pintas de que va para largo… Y ahora sí, me siento y me concentro, de mi concentración me saca un olor a quemadillo… ¡Otra vez comida tostadita!


Aunque parezca mentira, además de organizar la Navidad y pensar en estas cuestiones de freelancce en Navidad,  aun me queda tiempo para trabajar.

Y vosotros: ¿Tenéis las mismas dudas navideñas? ¿Sois de esos pocos afortunados que tienen vacaciones en Navidad? y, lo que más me interesa saber: ¿También se os ha quemado algo por aprovechar el tiempo mientras se hace para trabajar? Podéis contármelo en comentarios.