Cuento de Navidad II: El fantasma del presente de empresas


Los años pasan muy rápido. Lo que una vez fue una propuesta de trabajo puntual desde casa hoy es un proyecto estable. Los proyectos pequeños y las empresas, también pequeñas, han dado paso a grandes oportunidades.

No me puedo quejar de éxitos profesionales, como tampoco me puedo quejar de la facturación actual, pero cuanto mayores son los proyectos y las empresas, menor es la relación y el trato personal. Con la Navidad y la realidad de los regalos de empresa llega uno de los momentos del año en los que más noto el cambio del tipo de empresas.

¿Recordáis qué traía El fantasma de los pasados regalos de empresa al freelance?

Trabajar con grandes empresas significa trabajar en proyectos más ambiciosos y tener cierta tranquilidad. Sin embargo, también hay más sensación de “estar fuera” de la empresa y es quizás durante la Navidad, cuando más ech de menos trabajar con empresas más pequeñas, de esas que consideraban que, aunque fuera freelancer y no formara parte de la empresa, mi trabajo también había contribuido a que el negocio alcanzara sus objetivos, y no que, al contratar a personal externo se están ahorrando muchos costes…

Cuento de Navidad Freelance II. El fantasma del presente de empresas

regalos de empresas
Fantasma, porque el presente es casi invisible…

Con las grandes empresas, los proyectos grandes y todo lo demás, las tradiciones se están perdiendo, y ya no llegan ayudantes de Papá Noel a portar presentes de empresas, sino que, en el caso de ser regalos físicos, casi siempre es el cartero el que los deja en el buzón, lo que indica cómo se ha reducido el tamaño de los detalles.

  • Merchandising

De bolígrafos, agendas, cuadernos y cuadernillos e, incluso, de algún que otro calendario, se nutre la lista de los regalos de empresa que, como freelance, recibo por parte de algunas con las que colaboro.

Aunque el merchandising ya no es lo que era. En plena era del branding, el merchandising ya no se regala, así,  porque sí, cualquier producto que lleve el nombre o el logo de una empresa tiene un valor, así que ya lo se entrega como si cualquier cosa.

Lo que empezaron siendo coquetos lotes básicos de material de oficina, ha terminado por ser un boli, ¡Y gracias! Mi primer pensamiento fue que, simplemente, habían dejado de usar merchandising para reducir gastos o que controlaban más a quién entregar estos productos, enviarlas a un freelance que tiene la ofi en casa, no es lo más efectivo para conseguir visibilidad.

(Quizás deberían leer este artículo en el que se explica todo lo que se puede conseguir gracias al merchandising)

Aunque hace poco mi supermercado habitual me dio una pista importante sobre el porqué de este cambio:

Una mañana fui a comprar pan y vi que habían puesto a la venta unas tazas con su logo. No eran unas tazas de diseño, ni de marca, ni siquiera eran unas tazas bonitas, eran las típicas tazas blancas con el logo del súper impreso, esas que antes regalaban por estas fechas (y que en todas las casas terminaban convertidas en portalápices) solo que, en lugar de regalarlas por compras superiores a X, les habían puesto un precio y las tenían allí, a la espera de que alguien se apiadara de ellas…

El merchandising ya no se regala a los clientes fidelizados, tiene un valor y hay que pagarlo, así que, si los clientes tienen que pagarlo, mucho más el freelance de turno.

  • Cheques, tarjetas y vales de descuento

Los he metido a todos en la misma categoría porque todos ellos sirven para adquirir productos, aunque  hay diferencia:

Los cheques y tarjetas

Son los regalos de Navidad de empresa “que molan”. Dinero electrónico o virtual que llega al buzón (electrónico o de casa) y que se destina a gastos varios. La mayoría de empresas que me envía cheques de regalo por navidad, lo hace para utilizarlo en productos o tiendas propias, si la empresa es grande o si pertenece a algún grupo, normalmente la tarjeta se puede utilizar en más de una tienda, así que las posibilidades aumenta.

Estas tarjetas están muy bien en general, aunque alguna viene con trampa… En una ocasión me enviaron una por valor de 100€ que podía gastar en una de las cinco – ¿o fueron seis? – opciones que me propusieron. La verdad es que ninguna me atraía especialmente, porque, o implicaban gastos secundarios o eran lotes para compartir, así que decidí dejar pasar la Navidad y utilizar el cheque tras las vacaciones… ¡Error! Nadie me había indicado que era un regalo navideño con fecha de caducidad y que solo servía hasta el 25 de diciembre, así que me quedé sin regalo de Navidad.

Vales de descuento

Son un regalo que siempre me hace torcer el gesto. Lo habitual es que me envíen algún tipo de acceso especial o código para compras virtuales, que da derecho a un descuento al adquirir productos o servicios de la empresa, como si fuera un cliente VIP… ¿Por qué no me gusta? Porque convierte al pobre freelance en un consumidor más.

Además:

  • Que las empresas sepan qué compro no me termina de convencer, por mucho descuento que me hagan
  • El descuento más alto que recuerdo, fue de un 25%, y bastante condicionado

Siempre que puedo, y me interesa, compro en tiendas en las que trabajo, aunque no informo a las empresas: no me gusta que sepan qué compro, qué marcas elijo, si aprovecho rebajas, o si compro outlet, por ejemplo.

En cualquier caso, el periodo navideño no es uno de mis favoritos para comprar, sobre todo online, porque los envíos se hacen eternos y, como paso la Navidad fuera, nunca sé qué dirección dar.

Si antes indiqué que los cheques y tarjetas, que son “lo bueno”, tienen su parte mala, en vales de descuento, he de decir que la validez es amplia, en algunos ,casos hasta seis meses.

Y, sin embargo, también hay alguna empresa que se olvida de que, cuando apago el ordenador, dejo de ser “su” freelance a disposición para convertirme en una persona normal y corriente, que duerme, que come, que ve la tele y que se inscribe a newsletters... Lo digo porque en alguna ocasión han intentado colarme como detalle navideño un vale descuento que luego me ha llegado en la newsletter para clientes…

  • Descargables

Los descargables ganan terreno dentro de los regalos de las empresas a colaboradores, clientes, distribuidores… Aquí las opciones son muchas, desde el que manda un calendario al que le ha plantado el logo  por algún lado, ¡Y listo!, hasta los que se curran un libro, un manual o una agenda.

Las empresas ahorran costes, pero los asume el destinatario. Sí, vale, es un rollo tener que imprimirlos, pero también era un rollo recibir ese mismo regalo en versión en papel y encontrarse con 7 calendarios, 4 agendas y 6 libros de empresa, sin utilidad que se almacenaban en algún armario, porque da pena tirarlos cuando son nuevos, y que terminan siendo producto de reciclaje cuando el año termina y hay que hacer espacio a los regalos de empresa venideros.

(Hablando de libros y de cosas venideras: ¿Os habéis enterado del Sorteo El trabajo desde casa es para todos que he preparado?)

Quizás sin los regalos de Navidad de los primeros años, las diferencias con los regalos presentes de empresas no serían tan evidentes y es que, las comparaciones son odiosas…

Y no ha terminado, porque esto es un Cuento de Navidad Freelance y aun falta por aparecer el Fastasma del futuro: ¿Traerá algo bueno? ¿Será este un cuento con final feliz? El misterio se resolverá, pero hay que esperar un poco más…

10 comentarios en “Cuento de Navidad II: El fantasma del presente de empresas

  1. Pingback: Cuento de Navidad II: El fantasma del presente de empresas | Loco Tecnológico

  2. Efectivamente, ¡era otra época! Por lo que sé la desaparición de los regalos afecta tanto a trabajadores freelance como a los trabajadores por cuenta ajena. Las antiguas cestas fueron siendo sustituidas por detalles cuya valor descendía año tras año, y diría que la crisis supuso su defunción absoluta, reemplazándolas por las cenas de empresa (pagadas por los empleados) y los regalos del “amigo invisible” (pagados por los empleados también). Te diría que, como freelance, el hecho de que hayan desaparecido los detalles de cierto valor casi lo considero ventajoso: de alguna forma me sentía más comprometida con ese cliente —que no tenía por qué ser el mejor— y con frecuencia me surgía la duda de cuál debía ser la contraprestación por mi parte. Lo que también he notado, y mucho, es ese distanciamiento entre la empresa y el trabajador, al que haces referencia. Entre otras cosas, los antiguos reconocimientos personales a tu trabajo han sido sustituidos por las impersonales “valoraciones del rendimiento del trabajador” en forma de puntuación que, aun siendo freelance, recibo periódicamente y que me transmiten la sensación de cosificación o la solicitud de ofertas indiscriminadas y en bloque a varios profesionales buscando el mejor precio. El mercado se complica (al menos en mi sector) y me temo que lo hará mucho más en el futuro.
    De todas formas soy una nostálgica y cuando abro un sobre con un bolígrafo o un calendario: ¡me emociono como una niña pequeña! Mis felicitaciones por tu cuento de navidad, María, es tan entretenido e instructivo como siempre. Un beso grande.

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    • Suscribo cada cosa que dices, aunque me quedo con algo que ha dicho y a lo que no he podido evitar darle vueltas desde que leí el comentario: el tema de las herramientas de valoración. Es cierto que cada vez es más frecuente que las empresa propongan formas de medir, controlar y analizar el desarrollo del trabajo, algunas mediante documentos compatidos, otras mediante intranet, en cualquier caso hay que completar mensualmente, semanalmente o por proyecto una serie de registros que no se quedan en fecha de entrega, importe y observaciones, es más hay empresa que incluso solicitan herramientas, tiempo efectivo empleado, recursos… Al final te hacen sentir como una máquina que está cumpliendo con una labor y cuando, como máquina, quedes obsoleta o no seas rentable, solo es necesario sustituirte por otra nueva… ¡Y listo! Es algo que me agobia y hasta me da pena porque se pierde esa parte de creatividad que no se puede medir. Casi siempre se puede medir objetivamente mi trabajo, pero en ocasiones llegan proyectos más creativos, esos son los que más disfruto y los que hacen que el trabajo merezca la pena. A veces, con tanto registro, me pregunto si llegará un día en el que no pueda realizar un proyecto sin dar un porqué a cada acción.
      Por otro lado, recuerdo hace unos años el caos que suponía que la persona de contacto se fuera de vacaciones o se jubilara… Quiero decir que el trabajador de empresa sentía que formaba parte del negocio, era realmente imprescindible, sin embargo, ahora sustituir a un trabajador por otro es muy fácil porque todo está escrito, analizado, medido y registrado. La realidad es que sigue habiendo el mismo caos, o aun más, pero eso las empresas no lo ven, porque los registros siguen rellenándose. Que por cierto: cada vez que comentas me dar nuevas ideas para contenido, al final voy a tener que pagarte 😛

      Y cambiando de tema, yo contra los regalos no tengo nada, sean grandes o pequeños: ¡Hasta las alfombrillas para ratón me hacen ilusión! Y eso que no las uso.

      Un beso.

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  3. Y lo que nos queda por ver aún… presentimiento que yo tengo, pura especulación pero añoro esas cestas llenas de embutidos, bebidas, mantecados, turrones… se ha volatilizado, ahora un boli de mierda y una agendita que casi siempre termina en las manos del peque de la casa para hacer sus primeros dibujitos.

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    • La agenda de los dibujitos o para jugar “a los mayores”.

      A veces me pregunto si no será mejor, directamente, dejar de hacer regalos de empresa, pero claro, desgrava…

      No sé quién habrá sido el visionario que ha decidido que estos son los mejores regalos navideños, desde luego, hay empresas en las que cada año se superan por la inutilidad de los detalles. Me imagino a los encargados en la reunión: “¿Qué regalamos para que nos desgravemos el dinero y no sirva absolutamente para nada al trabajador?” Otro planteamiento no se me ocurre.

      Un saludo

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  4. Parece que ya nadie hace regalos 100% gratis con tanta alegría como antiguamente. Yo creo que se debe a la crisis y a que en muchas empresas está muy mal visto hacerlos y recibirlos. En otras suele haber limitaciones de importe, algo simbólico. Y claro, solo llega para un boli de merchandising de mi**
    Me he quedado alucinada con lo del “regalo” que te envían y al día siguiente aparece en la newsletter. ¡Super cutre!
    Se te da bien escribir cuentos de Navidad 😉
    Besos

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    • ¡Con lo que eran los regalos de Navidad! Yo recuerdo la ilusión con la que descubríamos uno por uno los productos de la cesta que regalaban a mi padre, con su jamón y todo, aunque con más ilusión llegaba el regalo a mi madre: polvorones, una botella de sidra y un sobre con dinero, una rareza, pero… ¡Qué regalo tan práctico!

      Ahora el que tiene regalo, no tiene cena (o la paga de su bolsillo) y algunos nada de nada. Para entender la diferencia, a mi padre, ni agua; a mi madre, el último año, un boli y una navaja en uno de esos pack empresariales random…

      Tengo claro que mejor nada que regalos que solo sirven para ocupar espacio en un armario y con el giro final del cuento ya verás que poco me importa que no me envíen regalos 😉 ¡Todo lo contrario!

      Un beso

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