¿Tener el despacho en casa o tener un despacho fuera?

tener el despacho en casa

Comencé a trabajar en casa de forma totalmente casual, entonces ni me planteaba trabajar desde mi casa y eso que cuando empecé conocía ya a algunas personas que trabajaban desde casa. El ordenador, una conexión a internet, una mesa y una silla eran todo lo que necesitaba para comenzar a trabajar desde casa.

Ni me planteé tener un despacho, porque tal y como indique al explicar cómo comencé a trabajar en casa, se trataba de un proyecto puntual. Solo que “puntual” se convirtió en “periódico” y, al final, lo periódico se había hecho diario: una auténtica forma de trabajar desde casa. Bueno, el proceso fue un poquito más largo y complicado, y con altibajos, pero creo que os hacéis una idea de qué quiero decir.

El caso es que un buen día, una persona de mi entorno cercano, me sugirió la idea de alquilar un espacio por horas o de trabajar en un espacio de coworking, en vista de que el número de espacios compartidos no deja de crecer tal y como indican en este artículo sobre los datos del coworking. He de reconocer que la idea se quedó en mi mente y, llegado el momento, estuve incluso informándome sobre las opciones para tener una verdadera oficina que me diera un marco profesional.

Al informarme de las opciones disponibles, al buscar por internet y al recopilar lo que sabía sobre el trabajo en casa, ya también por mi experiencia, y después de elaborar  una lista de ventajas y desventajas lo tuve claro: tener un espacio sí, pero tenerlo en casa.

Tener el despacho en casa

Pues sí, esa fue la conclusión a la que llegué: tener el despacho en casa era la mejor opción para mí. Aunque quizás sea interesante saber qué es lo que tuve en cuenta para decidirme a trabajar desde casa, en concreto las preguntas que me hice.

¿Por qué había estado trabajando desde casa hasta ese momento?

Esa fue la primera pregunta en pasar por mi cabeza al oir la sugerencia de tener un despacho. Llevaba varios meses de trabajo desde casa exclusivamente hasta que me plantearon lo de la oficina, y en ese tiempo había pasado de una situación de colaboración puntual a un trabajo estable como trabajadora por cuenta propia.

El proceso había sido tan lento que, simplemente, me había ido adaptando como había podido a medida que los proyectos crecían y crecían. Quizás la silla no fuera la más cómoda, y la mesa que tenía no era la más adecuada, material de oficina básico no tenía a mano (ni donde guardarlo cerca)… Pero bueno, iba tirando.

¿Por qué necesitaba un espacio propio para trabajar?

Era evidente, incluso antes de que me lo plantearan, que en ocasiones trabajar en casa y de forma improvisada dificultaba la realización de los trabajos y limitaba mi concentración. También podía ver que el crecimiento del negocio se veía dificultado por mis condiciones de trabajo.

En realidad, me di cuenta que hubiera sido solo cuestión de tiempo plantearme por mí misma la necesidad de dar un espacio físico “real” a un trabajo que ya era real y que empezaba a despegar.

¿Qué ventajas había tenido hasta ahora y que habían  hecho trasladar el trabajo a otro lugar?

Una vez que comprendí que era necesario un cambio en mi forma de trabajar en casa, me pregunté: ¿y por qué si es tan obvio, no me lo he planteado aún? Estaba claro que el trabajar desde mi casa, también estaba teniendo algunas ventajas, porque si no, no llevaría tanto tiempo y el negocio no marcharía como marchaba.

Y descubrí varias ventajas de trabajar en casa:

  1. estar en casa me resulta muy cómodo y no tenía problemas para trabajar y hacer que el negocio funcionara;
  2. me permitía trabajar con gran libertad horaria madrugando mucho o trasnochando (por aquel entonces mis horarios eran más libres);
  3. el espacio que usaba era gratis;
  4. todo mi trabajo se realizaba online y que no veía a los clientes en persona, ni tenía que recibir a nadie en un despacho u oficina.

¿Qué ventajas tendría al buscar un despacho fuera?

Teniendo en cuenta esto, la opción de trabajar desde casa de forma “oficial” no me parecía tan mala, pero claro, un despacho siempre da prestigio y hace que el negocio parezca “serio”.

Y eso fue lo que pensé, que en realidad, la idea del despacho fuera en mi casa solo hubiera sido una especie de teatro para otros, para que al decir de qué trabajo y preguntarán dónde, no tuviera que añadir: “No, yo es que trabajo desde casa”.

Pero, ¿realmente me importaba decirlo? Pues más bien poco, teniendo en cuenta todo lo que había conseguido trabajando desde casa y que, además, lo único que realmente iba a lograr es incrementar mis gastos con un espacio innecesario…

¡Habiendo espacio libre en mi casa! Solo era cuestión de poner un poco de orden y de hacer que una habitación fuera una zona de trabajo de aspecto profesional, la acondicioné con todo lo necesario para poder trabajar de forma cómoda y, desde entonces, así estoy.

Tener un despacho en casa me ha ayudado a centrarme, a gestionarme mejor mi tiempo y a separar empleo y hogar, pero también ha favorecido que pueda crecer profesionalmente desde casa.

Aunque el despacho en casa, al que yo cariñosamente llamo “mi ofi”, es también un espacio multifuncional que, de tanto en tanto, se convierte en zona de “coworking”, pero bueno, eso son cosas que se espera que ocurran cuando se trabaja desde casa.