Trabajar y estudiar en casa, ¿el paraíso?

Por ANA LUISA PÉREZ OLAGARAY O.

Mi último semestre de universidad estuvo marcado por una clara tendencia: la falta de tiempo.

Era mi octavo y último semestre de la licenciatura en comunicación, sobra decir que era una época de locura, las restantes 8 materias que tenía se presentaban ante mi como una gran montaña que veía difícil de sortear. Como era los pasos finales, mi casa de estudios me pedía que tuviera una experiencia laboral antes de salir a lo que se conoce como “el mundo real”. Sin mucho ánimo y con pocas esperanzas comencé mi búsqueda.

Trabajar y estudiar en casa

Back to school

Después de penosos intentos, me topé con Linio, un nuevo e-commerce ubicado en América Latina, lo cual desde el principio llamó mi atención, una empresa grande buscando jóvenes que tuvieran ganas de entrar al mundo de la venta en línea. La entrevista me convenció de inmediato de que me gustaba la compañía, pero como todos mis compañeros de aula, tenía el problema de seguir estudiando unas clases que apenas y escuchaba.

Al decidir compartir con la empresa mis dificultades de desplazarme 1 hora desde mi casa a la oficina y una hora extra de la oficina a mi casa, se apiadaron de mí y me dejaron realizar mi servicio desde las instalaciones de mi hogar. Yo, no hace falta decirlo, me sentía realizada.

De esa manera la experiencia comenzó, me despertaba a una hora respetable y completaba con diligencia mis labores de cada día, me gustaba tener que cumplir objetivos y no tiempos, tener que llegar a metas y no ser checada en cada movimiento. El trabajar en casa me abría la puerta a ser más libre con mis tareas de la escuela y poder terminar como Dios manda mi último grado de estudios.

Pronto descubrí que estaba naciendo un nuevo problema, primero no lo vi de forma clara, pero como avanzaba el tiempo se hacía más latente. Mi madre, de mediana edad, que pasaba los días en la casa buscando distintas actividades que realizar todos los días había fijado sus ojos en mí, como lo última y única de sus hijos que vivía en casa, y con un pensamiento generacional antiguo, no entendía que el estar en una computadora por 6 a 8 horas diarias en mi propia casa podía significar un “trabajo de verdad”.

Sí, mi problema era que mi mamá día con día me invitaba a realizar actividades que me resultaba cada vez más difícil de negar. Ejemplo de esto era ir a desayunar con sus amigas, acompañarla a una función de matiné o simplemente ir al salón de belleza. Poco a poco me había alejado de mi trabajo, lo cual no fue nada bueno, se necesitó mucha fuerza de voluntad tener que seguir todas las tareas del día a día sin distracciones.

Así que: ¿trabajar en casa mientras se concluyen los estudios es el paraíso?

La verdad es que sí, uno tiene sus tiempos y sus objetivos, pero no es cosa fácil, se requiere concentración y mucha, pero mucha responsabilidad. Concluyendo mis estudios pude incorporarme oficialmente a las oficinas físicas, lo cual resultó un cambio drástico, pero de cierta manera natural, mi experiencia de trabajar en casa fue buena, aprendí mucho, especialmente de mí misma, y ahora conozco los beneficios, y espero poder encontrar un justo medio para este gran debate de mi vida.

Esta es una colaboración de Ana Luisa Pérez Olagaray O. Muchísimas gracias por tu aportación.