La fuerza de tus elecciones


Por @venturasens

¿Sabes?

Todos tenemos una gran potencial que no aprovechamos.

Bien porque nos da miedo, bien porque no sabemos a qué puerto irá, bien porque no nos decidimos a llevarlo a cabo…

Y es ahí donde quiero entrar hoy, en el poder de nuestras decisiones.

Nuestros hábitos

Lo que haces cada día marca tu forma de vivir, ya sean hábitos o decisiones, que viene a ser prácticamente lo mismo.

Cada vez que te levantas por la mañana de la cama, ya estás tomando esa decisión.

Estás decidiendo que, a pesar de estar muy a gusto entre las sábanas, tienes que levantarte para hacer algo en concreto.

Básicamente estás decidiendo a cada instante, de manera consciente o inconsciente.

Y un hábito también es una decisión.

Por ejemplo, tomarte el café a eso de las 9 am.

Estás decidiendo que quieres tomarte ese café a dicha hora, aunque lo tengas súper asumido, o sea, que es normal para ti y no estás haciendo nada nuevo porque te gusta, te sientes cómodo.

Dime, ¿nuestras acciones nos definen?

¿Crees que marcan nuestra forma de pensar y de vivir?

Puede ser…

Puede ser que cada acción, cada hábito que tomes en tu vida esté marcando tu estilo de vida, esté marcándote a ti.

La fuerza de tus elecciones

Las decisiones pasadas afectan nuestro presente

Por ejemplo, decidir entre estudiar una carrera universitaria u otra.

Lo mismo esa elección ha repercutido mucho en tu vida, pero de nada sirve ahora que pienses qué podría haber pasado si hubieses elegido lo contrario.

Porque cada decisión, cada hábito que tú eliges se refleja en el ahora.

No en un futuro, porque todavía no ha sucedido, sino en el momento presente.

Planear cosas de cara a un tiempo puede estar bien, pero no es real porque no estás tomando la acción de decidir, simplemente estás imaginando esa elección sin ningún resultado.

¿Trabajar en una empresa o por cuenta propia?

Quieres tomar una decisión, pero la planteas a un hipotético futuro.

Céntrate en el ahora, céntrate en una sola posibilidad y averigua el porqué de esa decisión.

Si resuena con más fuerza trabajar por cuenta propia, fíate de tu instinto y céntrate en ello, enfócate.

El problema de las decisiones es que solo tenemos en cuenta si saldrá bien o mal, y el proceso es más que eso.

El día que empecé a decidir

Todo comienza cuando salgo de mi zona de confort, cuando empiezo a cuestionarme todo, hasta las verdades oficiales.

Cuando empiezo a interesarme por ser más “rebelde”, a ser más curioso y a comprender que al final sé mucho menos de lo que en verdad pienso.

Y eso significa poner patas arriba toda mi vida, lo que conlleva a combatir las creencias limitantes de mi día a día.

A investigar por mi cuenta, a emprender un camino de autoconocimiento y espiritualidad, a no basarme solo en lo que me han dicho (“estudia, trabaja, forma una familia, haz caso a los peces gordos…”).

Y decido luchar por mis principios, por mi forma de ver y entender la vida, porque cada persona es diferente y podemos aprender mucho entre todos.

Abro un blog, empiezo a comprender la verdadera amistad (muchos conocidos, pocos amigos), hago frente a mi timidez, potencio algo que se me da bien (que es escuchar a los demás), etcétera.

Porque déjame decirte que la decisión siempre la tomamos nosotros, no nuestro entorno.

Las influencias no sirven de nada, porque la decisión es tuya, de nadie más.

Y de ahí uno de los mayores miedos a decidir, que es el qué pensarán.

Y eso solo está en tu pensamiento, no refleja la verdad ni la realidad.

Decídete, porque el problema de las decisiones es que las pensamos demasiado y al final las dejamos de lado, no las realizamos, no las experimentamos.

¿Cómo decidir algo?

Voy a ofrecerte dos consejos para comenzar a decidirte de verdad:

1. Cambia tu punto de vista para empezar a tener resultados de verdad

Esto quiere decir que debes empezar a ver la decisión de otro modo, no prestando tanta atención a las posibilidades sino a la posibilidad.

Enfócate en una única acción.

Por ejemplo, crees que tu proyecto no saldrá adelante porque hay mucha gente similar que hace lo mismo que tú.

Cambia ese punto de vista, golpea la mesa (no muy fuerte, no quiero que te hagas daño) y comprende que como tú no hay nadie más, y que el proyecto se amolda a tu esencia, no a la temática en sí.

A eso me refiero cuando digo que cambies tu punto de vista, a que comprendas que no hay dos cosas totalmente iguales, que puede haber otro camino más que puedas recorrer sin problema.

2. Experimenta hasta dar con la tecla

Yo me baso mucho en esto, en el “prueba y error”.

Lamentablemente me inclino más por el error, soy un poco torpe, pero a pesar de eso no paro de intentarlo.

Al final, con tanto experimentar consigo sacar lo que de verdad me importa, y esa es la clave de todo resultado.

El proceso es para disfrutarlo, y el resultado final es un pequeño espejo de todo aquello que hemos ido realizando.

Pero créeme que si tú no tienes la valentía de intentarlo, nadie lo hará por ti.

No decidir nada también es decidir

No decidir es también una decisión que tomas.

No me quiero extender demasiado, pero piénsalo.

Decidir no decidiendo, un poco chocante, pero es así…

Si no tomas ninguna determinación, ninguna senda, estás decidiendo porque al final afectará a tu momento actual y quién sabe, quizás a tu futuro.

Ponlo en práctica

Lo primero que tienes que hacer es plantearte el objetivo, ser consciente de tu capacidad de resolución.

Para tomar una decisión acertada tienes que conocerte bien a ti mismo, y cuando digo bien es BIEN.

El segundo paso es saber qué significa para ti esa elección, saber si te vas a comprometer con dicha causa.

El tercer punto es realizarlo, esto es, tomar acción dando el gran paso y experimentando todo lo que puedas.

Así que es el momento de que pongas en práctica todo lo que te he contado hoy (si quieres) y me cuentes cómo te ha ido.

¡Gracias por estar ahí!

Peace.

Este artículo es una colaboración de Ventura Sensitiva.

Muchísimas gracias por tus consejos. ¡Nos leemos!

4 comentarios en “La fuerza de tus elecciones

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