Razones para dejar de trabajar con un cliente


Cuando se establece una relación entre un trabajador por cuenta propia y una empresa: ¿Cuál de las dos partes será la decida cuándo ponerle fin? Seguramente habrás pensado que son las empresas las que tienen en control absoluto sobre cuándo dejar de trabajar con un freelance.

Pero, si has pensado que las empresas dicen adiós o que, simplemente, desaparecen, y que los freelance se quedan desconsolados, puede que te lleves una sorpresa si te digo que no son pocas las veces en las que el trabajador por cuenta propia es quien decide dejar de trabajar con un cliente. Sí, sí, como lo lees: los freelance también deciden cuando dejar de trabajar con sus clientes.

Como siempre, lo cuento desde la experiencia: en todos mis años trabajando desde casa puedo contar con los dedos de una mano las ocasiones en las que ha sido la empresa la que ha puesto fin a la relación profesional, sin embargo, la lista de ocasiones en las que he sido yo quien ha decidido dejar de trabajar con un cliente es bastante más extensa. ¿No te lo crees? Pues aquí tienes algunas de las razones reales por las que he dejado de trabajar con empresas.

Razones para dejar de trabajar con un cliente o empresaRazones para dejar de trabajar con un cliente

Que solo se acuerden de uno cuando han descartado cualquier otra opción o cuando saben que nadie más lo haría en los plazos y fechas en los que necesitan no es la principal razón para dejar de trabajar con un cliente, no.  A eso estoy acostumbrada y lo considero parte de mi trabajo, pero hay otras cosas que llevo bastante peor y que sí que han hecho que haya escrito un email poniendo fecha al fin de la relación laboral.

Más cantidad, menos calidad

¿Cantidad o calidad? Quienes trabajan por cuenta propia solemos desarrollar actividades en las que la calidad del trabajo es importante, así que, cuando las empresas deciden priorizar la cantidad manteniendo plazos, la gran perjudicada es la calidad.

Es difícil mantener un estilo propio y crear un nombre y sí, a veces más cantidad significa más dinero (digo a veces porque hay empresas que directamente piden sacrificar la calidad), pero a medio y largo plazo, se convierte en desmotivación para seguir trabajando y  dificultad para plantearse objetivos más allá del “hoy hay que hacer tanto trabajo”.

Además, cantidad también suele requerir de muchas horas de dedicación, lo que significa perder tiempo para otras tareas, entre ellas, la búsqueda de otros proyectos y, por supuesto, la aceptación. Así que se acaba convirtiendo en un círculo vicioso: trabajo mucho, pero no me gusta nada, tengo que buscar otros trabajos, pero como sigo trabajando mucho, no puedo aceptarlos proyectos que llegan, y cuantos menos acepte, menos llegan y más necesario se hace seguir con ese cliente.

Hasta que la falta de motivación, el hastío o el hartazgo se convierten en un mensaje en el que se indica la fecha del fin de la relación laboral.

Objetivos cambiantes

Cuando un freelance empieza a trabajar con un cliente, es normal que se establezcan ciertos objetivos y que se deje claro qué se espera del trabajo y cuáles son los objetivos que se pretenden cumplir. (Al menos ese es el ideal, la información hay que obtenerla con sacacorchos en muchas ocasiones).

Si la relación se establece a largo plazo o las colaboraciones son periódicas, cabe esperar que, con el tiempo, los cambios en los objetivos se produzcan. Es algo que considero positivo, es más, en ocasiones yo sugiero cambios a empresas con las que trabajo a fin de mejorar mi trabajo o de que la empresa mejore.

Pero una de las situaciones más cansadas que existen es lidiar con empresas que no tienen nada claros cuáles son sus objetivos. Es decir, al iniciar la relación envían un extenso email con una forma de trabajar muy precisa, que se acepta y que hay que hacer propia. Hasta ahí todo bien.

Pero a los pocos días la modifican, y a los pocos días la vuelven a cambiar, y así indefinidamente. Incluso pueden escribir un email reclamando que algún proyecto no se ha realizado siguiendo tales o cuales directrices de las muchas que se enviaron y que, por supuesto, luego se modificaron. Gestionar el correo electrónico como lo hago y tener bajo control todas las comunicaciones que me envían ha sido muy útil en estas situaciones.

Los cambios siempre implican modificaciones en los sistemas de trabajo y estoy acostumbrada a trabajar con cada empresa de una forma. El hábito lo creo al iniciar la relación laboral y lo mantengo, añadiendo los cambios según se van produciendo. Pero trabajar con esquemas muy detallados y que hay que modificar con mucha frecuencia, lleva mucho tiempo y agota bastante.

Así que es una de las principales razones para dejar de trabajar con un cliente porque considero que lo que no tiene claro es para qué necesita mi ayuda.

0% escucha, 100% culpa

Una alabanza por un trabajo bien hecho le gusta a cualquiera, sobre todo, cuando se ha puesto empeño y se le han dedicado horas que se han sacrificado del tiempo libre o del descanso. Una crítica no gusta tanto, pero es un toque de atención y sirve de motivación para no relajarse y buscar formas de seguir mejorando.

Hace poco leí en algún lado que, por cada cosa negativa, se deberían decir cinco positivas para una adecuada motivación. Igual este ratio está un poco idealizado en general, en el trabajo en particular y en el trabajo por cuenta propia, en concreto.

Un “Buen trabajo” o un “Perfecto. Gracias” es ya motivo para descorchar la botella de champán, porque si se ha hecho es esfuerzo de escribir algo que no sea “Recibido. Gracias” es que realmente estaba bien hecho. En el otro lado, las modificaciones o las correcciones son más habituales, pero también parte de las tareas, así que, se buscan, se valoran y, si se puede, se cambian o, si no, se envían los motivos por los que no se pueden hacer los cambios ofreciendo alternativas viables.

Pero no siempre se habla de felicitaciones o modificaciones del propio trabajo. Hay ocasiones en las que las críticas van más allá del propio trabajo, de hecho, tras muchas de ellas he intuido que lo que en realidad no se ha cumplido eran los objetivos empresariales y, claro, como hay que echar la culpa a alguien, el freelance de turno, que es personal externo, viene de maravilla.

Aquí lo suyo sería que decidieran un cambio, pero la verdad es que suele ser una llamada de atención que mete el miedo en el cuerpo, para después hacer algunos cambios en el sistema de trabajo, por lo general más trabajo y con la amenaza tácita del “haz cambios pero no toques el presupuesto, porque es tu culpa y ya sabes que hay muchos freelance con ganas de trabajar”.

Sinceramente, la primera vez que una de estas cosas me sucedió creí a pies juntillas que yo tenía buena parte de la culpa, así que seguí las indicaciones… Pero los años y la experiencia ayudan a detectar cuando se trata de un error propio y cuando hay más cosas… Dos cuestiones que ayudan a identificar estas situaciones son:

  • Críticas que coinciden siempre y sospechosamente con temporadas de balance o ejercicios
  • Comentarios, sugerencias o errores que he detectado y he comunicado enseguida, pero que caen en saco roto y de los que nadie se hace cargo hasta que llega el siguiente balance y llegan las reclamaciones.

Los trabajadores desde casa también los cansamos de que entre nuestras funciones se incluya ser la diana de todas las culpas cuando los datos no son buenos. Así que cuando se comprende que por muy bien que se haga el trabajo, las culpas van a ir siempre al mismo lado, lo mejor es despedirse.

¿No estarás echando balones fuera con estas razones?

Todas las razones que he dado para dejar de trabajar con un cliente son atribuible a las empresas, sí, yo también soy consciente de ello. Me gustaría decir que soy perfecta y que nunca me equivoco, pero la realidad es otra y en este blog dejo bien claro que los errores han formado parte de mi trayectoria profesional y que de ellos he aprendido mucho, muchísimo, así que: ¿Cómo no iba a dar razones para dejar de trabajar con un cliente que fueran culpa mía?

Poca experiencia o poco conocimiento

En la primera página del manual básico del freelance se indica: “Nunca aceptes trabajos que no estén relacionados con tu formación y que no domines a la perfección“. Al buscar cualquier cosa sobre el trabajo por cuenta propia, cualquiera con un poco de experiencia incluye la idea de “No aceptar proyectos fueran de los ámbitos que mejor se conocen“.

Pues nada: todos, absolutamente todos nos saltamos ese consejo y postulamos para algún proyecto del que tenemos “nociones” o alguna idea básica. Sí, yo también. Lo curioso es que, por el motivo que sea, la empresa acepta.

A partir de ahí empieza la desesperación, porque una vez quemados los cartuchos de las nociones básicas, hay que continuar con un trabajo para el que hay que dedicar muchas horas y que, sinceramente, cada vez apetece menos continuar, en parte por falta de ideas, en parte por desesperación y desmotivación.

Lo mejor y lo más justo sería no postularse a estos proyectos. Pero en el caso de que eso ya no sea posible, lo más recomendable en estos casos es ser sinceros con la empresa y reconocer las propias limitaciones, en cualquier caso, quedarán en evidencia más pronto o más tarde, así que lo mejor es que sea pronto.

Nuevos proyectos

Pero si hay un motivo de dejar de trabajar con empresas que me hace sentir culpa es el momento en el que tengo que dejarlos porque no tengo tiempo para dedicarles.

Si mis días tuvieran el doble de horas, probablemente dedicara más tiempo aún a trabajar, pero como las horas son las que son, a medida que llegan nuevas empresas y proyectos, hay que incluirlos en los horarios. Cuando nuevos proyectos importantes llegan, los pequeños proyectos son los más afectados por la falta de tiempo y energía.

Si la situación es puntual, no será un problema mayor. Pero cuando nuevos proyectos se convierten en algo habitual, a los antiguos se quedan siempre en segundo lugar. Así que llega un momento en el que hay que ser justos con la empresa, con la que por lo general se tiene cierta confianza, y comunicarle el fin de la relación laboral para que puedan buscar a otro profesional que sí pueda dedicar el tiempo y el esfuerzo que merecen.

Si he dicho que este motivo me hace sentir culpa es porque reconozco que casi siempre prolongo este momento, y no por razones económicas, más bien por pena de tener que dejar de trabajar con empresas que conozco desde hace años, pero a las que sé que ya no puedo aportar mucho más, ni dedicar el mismo tiempo.

Son los mensajes que más me cuestan escribir y también de los que me da más pena recibir respuesta por parte de la empresa.

Las empresas también se sorprenden cuando reciben la comunicación

Las principales sorprendidas cuando el freelance comunica que deja de trabajar con ellos son las empresas,  que suelen mostrar asombro y desconcierto cuando les llega la comunicación de que el trabajador ya no está interesado en seguir contado con ellas. Y las reacciones son de lo más variadas en estas situaciones.

¿Ser sinceros o endulzar las razones para dejar de trabajar con un cliente? Me encantaría decir que nunca me he callado nada y que siempre he dicho todo lo que pensaba, pero para que se entienda diré que: si alguna empresa con la que he trabajado me lee, puede que esté descubriendo ahora los verdaderos motivos por los que me fui.

Llegados a este punto, tengo que decir que el post se me ha ido de las manos en cuanto a extensión, así que dejaré para mejor ocasión la explicación completa de cómo es el proceso del fin de la relación laboral. Como adelanto diré que es práctica habitual que las empresas exijan también a los freelance comunicarlo con antelación al fin de la relación, así que el mensaje es solo el principio del fin y todavía habrá que colaborar con una empresa que ya sabe que el freelance no quiere seguir…

2 comentarios en “Razones para dejar de trabajar con un cliente

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