Cómo comencé a trabajar en casa


Un día creé un blog y escribí un primer post, al ese le  siguió un segundo, y un tercero… Mi objetivo con cada uno de los artículos ha sido mostrar una parte del camino recorrido en el trabajo en casa. No voy a decir que llevar un blog día a día haya sido difícil o tedioso, más bien todo lo contrario: me gusta compartir experiencias, teorizar y reflexionar sobre mi forma de trabajar y plasmaslo en forma de texto me inspira, me anima a continuar, y hasta me divierte.

Pero llegar a 100 entradas son palabras mayores: un reto, un desafío, una meta que parecía tan lejana que, como pequeña motivación personal, hace muchísimo que escribí en borradores un título: “ESPECIAL 100 ENTRADAS: La verdad sobre cómo comencé a trabajar en casa“. Título que, de vez cuando, veía en la lista de ideas en borradores y que me servía como impulso para seguir escribiendo, una a una, entradas sobre mi forma de desarrollar el trabajo, con la idea de: “Algún día llegaré al 100”

Especial

Mirando hacia atrás no puedo creer que se haya alcanzado la cifra de tres números: ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De verdad he podido encontrar tantos temas para hablar sobre trabajar en casa? Bueno, es cierto que las colaboraciones han contribuido a ello y, sobre todo, han servido para enriquecer el espacio y darle diferentes puntos de vista. Pero en cualquier caso: son 100 artículos.

Experiencias, consejos, rutinas y errores, si sois lectores de este espacio, aunque sea de forma esporádica, sabéis bien que comparto mucho de lo que he aprendido y mucho de lo que ahora sé sobre el trabajo freelance, pero pocas veces hablo de mis comienzos, y ninguna, hasta ahora, había expuesto cómo comencé a trabajar en casa yo. Hoy es el día.

La verdad sobre cómo comencé a trabajar en casa

Cómo comencé a trabajar en casa

Comencemos por el principio…

Hace algunos años, yo vivía en otro país, eran los años de la crisis y las dificultades para encontrar trabajo en España. A mi generación, la que terminó sus estudios justo cuando la crisis comenzaba, el extranjero nos lo vendían como el paraíso de los trabajadores con ambiciones, de los profesionales que querían triunfar o, simplemente, como la única opción para encontrar trabajo. Yo fui una más de las que, cansada de inestabilidad y falta de oportunidades, salió en busca de una.

Allí trabajaba para una empresa que funcionaba bien, tenía la suerte que estaba relacionada con mi formación, el trabajo me gustaba mucho, estaba contenta con las funciones que allí desempeñaba y en ambiente laboral era bueno…  El planteamiento parece idílico, ¿verdad?

Sin embargo, mis jefas tenían muy poca memoria, y era frecuente que se olvidaran de pagar a los trabajadores. No era un tema menor, los “despistes” podían hacer que se acumularan varios pendientes… Vivir en el extranjero no es barato, y mover dinero entre cuentas internacionales, tampoco. Así que, por aquello de tener dinero a mano, realizaba horas extra y colaboraciones con empresas y administraciones. Fue en este periodo cuando descubrí que el trabajo en casa existía y que había muchos profesionales que realizaban un trabajo similar al mío, pero desde su casa.

Además de las horas de trabajo extra, decidí impartir clases particulares de español para extranjeros, así que puse un anuncio en un página de anuncios clasificados. El número de respuesta a la oferta fue el esperado, y di algunas clases particulares que me permitieron tener dinero a mano.

La propuesta

Pero volvamos a cómo comencé a trabajar en casa… Con el anuncio esperaba encontrar alumnos para clases de español para extranjeros, pero jamás hubiera imaginado la propuesta que me llegó un día al correo electrónico: un webmaster estaba buscando un hablante nativo de español para traducir artículos de un blog. No buscaba la clásica traducción, sino que había de hacer ciertas adaptaciones y seguir una serie de pasos concretos, modificando ciertas palabras según una lista proporcionada y añadiendo un título y unas descripciones con pasos muy precioso (tarde mucho en descubrir que esos pasos, en realidad, eran una traducción de posts con optimización SEO).

Después de un intercambio de emails para hacer presentaciones, para conocer un poco más si mi perfil era adecuado y para establecer de las condiciones, nos pusimos de acuerdo para realizar este pequeño proyecto.

Mientras tanto, en la empresa la situación de impagos ya rozaba límites preocupantes, y los compañeros empezaban a hablar de ponerse serios y de tomar medidas para conseguir que los pagos empezaran a agilizarse, sobre todo porque era de conocimiento general que no era un problema de liquidez, sino una administración pésima…

El proyecto puntual terminó, pero quien lo había solicitado estaba contento con los resultados y me ofreció colaborar de forma continuada en los nuevos posts a partir de entonces y en futuros proyectos. La oportunidad ya estaba ahí.

¿Y si comienzo a trabajar en casa?

Lo que no estaba ahí era el dinero de los últimos meses del trabajo que me había llevado a vivir en el extranjero, pero sí la certeza de que estaba regalando mi tiempo y mi esfuerzo para vivir en un país en el que el coste de la vida era más elevado. La realidad era que en lugar de conseguir estabilidad económica, estaba acabando con mis ahorros. En mi contra pesaban la “vergüenza” de volver a mí país cuando la idea extendida es que quien va al extranjero triunfa y tiene la vida resuelta.

Pero después de mucho valorarlo y analizarlo, determiné que la opción más adecuada era la de seguir la estela de los profesionales que se habían establecido desde su casa y empezar a plantearme en serio esa nueva oportunidad laboral como una opción con futuro. Pues sí: listas las maletas y comprado el billete, soy uno de esos casos de emigrante que vivió en el extranjero y que no encontró la oportunidad de oro que le habían prometido.

¿Cómo comienzo a trabajar en casa?

Ahora estaba de vuelta en España con un proyecto laboral que comenzaba, pero con muchas cosas que limar, y dos eran las que más me preocupaban: la primera de ellas, el tema de ser trabajador por cuenta propia aquí; la segunda, un poco consecuencia de la primera, la necesidad de buscar más clientes rápido, porque con uno iba a hacer poco teniendo en cuenta que aquí, primero se paga, y luego ya, si eso, se trabaja, pero ese es otro tema…

La llave hacia el trabajo en casa fue...¡una llave!

Aquí voy a reconocer que tuve un pequeño golpe de suerte, una de las pocas veces que uno de mis despistes ha traído algo bueno… Resultó que había olvidado entregar una llave del trabajo porque había quedado metida en un bolso, las jefas no tardaron en escribirme para pedírmela alegando que hacer copias era muy caro, aunque siempre he sospechado que había otras razones que nunca llegue a entender del todo, porque cual secuestrador que negocia el rescate de un rehén, pude utilizar el tema de la devolución de la llave como medio para conseguir que por fin me pagaran todo lo que me debían.

Pues ya está: tenía dinero para emprender en España, tenía una oportunidad para empezar a trabajar y, sobre todo, tenía experiencia y ganas de embarcarme en esta nueva aventura. Ya estaba todo dispuesto para comenzar a trabajar en casa.

Un largo camino desde que comencé a trabajar en casa

Aquí no va un “Y fue feliz y comió una perdiz“. A partir de aquí tuve que afrontar la realidad de que con un único cliente poco podía hacer, así que empecé la andadura del trabajo en casa con muy pocas referencias claras sobre lo que ello significaba y con mucho que aprender…

Pero todo lo que he aprendido, o al menos, una parte de ello, ya lo he compartido en las 99 entradas que han precedido a esta. Y no os preocupéis, que lo que aún no he dicho, lo diré en está por venir, porque con esta, Sobrevivir a Trabajar en Casa llega a las 100 publicaciones. Y esto no ha sido más que el principio.

16 comentarios en “Cómo comencé a trabajar en casa

  1. Hola! De admirar tu historia. Paso por uno de tus momentos, el de la crisis económica, y supuestamente vine a la ciudad capital de mi pais a «hacer futuro» jajajja. Mi trabajo me paga una miseria y la vida aqui es cara, soy profesional pero ni esperanzas de que me paguen bien en ninguna empresa. Me encantaría tener la fortaleza de lograr la independencia como tú. Obvio trabajando duro pero por y para mí misma. Me gustaría saber que edad tienes y si estudiaste algo. Muchos saludos

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    • Hola Ana! Gracias por tu comentario. Entiendo bien tu situación…

      Formación? Tengo formación universitaria, y he tenido la suerte, la capacidad o la cabezonería para vivir trabajar por cuenta propia de lo que estudié. Pero mucho de lo que he aprendido después, lo he aprendido con práctica y por mi cuenta.

      Mi edad? Permíteme ser un poco coqueta 😉 Aunque en el post hay indicios claros para calcularlo más o menos, teniendo en cuenta que termine mis estudios universitarios justo el año en el que empezó la crisis en España.

      Un saludo

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  2. Felicidades por las 100 entradas, superviviente! La anécdota de la llave me ha encantado. Propongo que algún día hagas un post una sobre las cosas buenas y malas que te han traído los despistes. Seguro que da mucho juego.
    Un saludo y mucha suerte en todo!

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    • Muchas gracias! Imagina el día que recibí un email solicitando la famosa llave de la que yo ni me acordaba, menos mal que siempre la llevaba en el mismo bolso y supe donde estaba enseguida!!

      Lo curioso de los despistes son una característica personal que desaparece cuando trabajo. Me apunto la sugerencia, seguro que pensando alguna situación relaciona con el trabajo se me ocurre. Saludos.

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  3. Tuviste mucho valor para romper radicalmente con todo y probar con otras alternativas para no dejar que la crisis te comiera. Seguro que has recorrido mucho para llegar hasta aquí, así que solo me cabe desearte muchos más éxitos a partir de ahora 😉
    ¡Un abrazo!

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