¡Qué hay visitas en casa!


¿A quién no le gusta recibir visitas en casa? Pues, sinceramente: a nadie le gusta tener visitas, pero es algo de lo que es difícil librarse. Lo bueno de las visitas es que suelen avisar con tiempo y además  su presencia por casa coincide con fines de semana, época de vacaciones o celebraciones y eventos varios. Así que, tampoco es cuestión de lamentarse porque una noche haya que alojar a un familiar o amigo en casa.

Claro que no todas las visitas en casa llegan después de haberlo anunciado con un tiempo suficiente (claro que no todos tenemos el mismo concepto de “tiempo suficiente”); ni todas las visitas son por una noche; y si una visita que se alarga puede presentar alguna molestia en general, al trabajar en casa las visitas inesperadas traen varios problemas añadidos.

 Qué me lo digan a mí, que en más de una ocasión me he encontrado en medio de un proyecto importante y con una visita sorpresa en casa… Pero bueno, con un poco organización, algo de paciencia y de diplomacia he conseguido salir airosa, de hecho, hasta me dan la enhorabuena por lo buena anfitriona que soy.

Así compagino visitas en casa con trabajo, ¡y todos contentos!

Para ser sincera, visitas en casa no es que tenga muchas, tampoco es que tenga la casa llena de gente todos los días, pero alguna que otra visita cae de vez en cuando, así que ya tengo un plan de emergencia probado y comprobado para activar en caso de visita sorpresa.

¡Me despido de la oficina!

Si la visita es solo una persona, la pequeña habitación libre y con cama individual es el alojamiento perfecto. Pero si son dos o más, ya sé que me toca renunciar a mi espacio de trabajo para que se convierta en una habitación improvisada con su colchón hinchable y todo.

Pues sí, siendo sincera me fastidia tener salir de mi espacio de trabajo, pero como mis imprescindible para trabajar en casa son el ordenador e Internet, y tengo un portátil, pues traslado la zona de trabajo otras zonas de la casa. Y, ojo que no lo hago solo para que las visitas se sientan cómodas, que así también me puedo concentrar mejor y espacios comunes de la casa, como la sala, quedan libres.

Para que se sientan como en su propio hogar

Por muy familiares que sean y mucha confianza que se tenga, las visitas no siempre saben dónde se guardan los platos, las tazas o un cuchillo, que busquen al azar supone abrir puertas y cajones de todos los armarios, o sea: ruido, mucho ruido. Y si no encuentran lo que buscan, al final acabarán preguntando….

¡Yo lo tengo claro! Como madrugar si hay que trabajar es mi costumbre, mientras preparo el desayuno dejo todo lo que puedan necesitar más o menos a la vista. El aspecto es un poco de desayuno en restaurante de buffet, algo que, además de ahorrarme molestias, queda como detalle simpático.

Eso sí, a la hora en la que oigo que las visitas empieza a moverse por la casa, dejo las tareas que requieren de mucha concentración, por si acaso necesitan algo.

Y como Pedro por su casa

Y no es que las visitas vengan a molestar, más bien todo lo contrario, en mi caso siempre han sido lo más atentos y respetuosos con mi trabajo. Es más, por mucho que insisto en que no es necesario que compren el pan, agua, el periódico, o que se acerquen a la churrería y traigan el desayuno es imposible evitar estos detalles que las visitas tiene. Como tampoco se evitan otra entradas y salidas de casa, por motivo que sea, por ejemplo, para dar una vuelta por la ciudad y no hacer ruido, que no todo va a ser negativo.

Claro que, aunque al salir no digan nada, cada vuelta a la casa es una llamada al timbre y tener que abrir la puerta…. ¡Nunca más desde que descubrí lo cómodo que es entregar un juego de llaves! Así acabo de un plumazo con las funciones de portería.

¡Y quieren una guía turística!

Tampoco es que lleguen visitas a casa y las ignore porque tengo que trabajar, que hay tiempo para todo y trabajar en casa no quiere decir estar 7/24 pegada al PC. Si me avisan con tiempo, puedo adelantar o retrasar proyectos de trabajo, e incluso hacer una excepción y “darme un día libre” para dar una vuelta por la ciudad, para visitar algún lugar en los alrededores o para ir de cañas.

(¡Ojo! El tema de los días libres la libertad de horario y demás “ventajas” de trabajar en casa es muy peliagudo, así que no será la última vez que aparezca en un post el arma de doble filo que es este”privilegio” de los freelance que trabajamos en casa…)

Porque quien a mi casa no va, de la suya me echa

Después de todo, tener visitas en casa es la causa o la consecuencia de hacer visitas, que es algo de lo que, por necesidad o por compromiso, tampoco es fácil librarse…. ¿Quién no ha dicho/oído alguna vez eso  de:

Teniendo espacio en casa, ¿para qué vas a pagar  un hotel?”.

A lo que no siempre es fácil encontrar una respuesta que me evite convertirme en la visita de amigos y, sobre todo, familiares. Y sí, lo reconozco,l vez he sido yo en ese caso, la que haya causado alguna molestia a mis pacientes anfitriones, pero de ese aspecto de trabajar desde casa (o desde donde sea) ya hablaré en otra ocasión.

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